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quinta-feira, 5 de julho de 2012

Europa necesita la industria comercial espacial de EE UU

Tras asistir al Fórum IMPULSA 2012 organizado por la Fundación Príncipe de Girona quedé muy impresionado con los cientos de jóvenes de brillantes mentes que asistieron. Veo claro que están preparados y motivados para iniciar grandes cambios; me recuerdan a los jóvenes emprendedores americanos que actualmente están revolucionando la industria espacial en el otro lado del Atlántico. Me entristece que Europa, tanto la Agencia Espacial Europea como los Estados Miembros, carezca de cualquier tipo de política que permita a estas personas a mantenerse al día con sus homólogos americanos. Es un inquietante recuerdo de mi historia personal; nacido en Madrid, si mis padres y yo nunca hubiéramos marchado de España, nunca habría tenido la oportunidad de desarrollar mi carrera como astronauta de la misma forma. Europa contaba con muy poco enfoque en el liderazgo en el espacio, mientras que americanos y soviéticos se adelantaban en subir a hombres y mujeres en órbita. De nuevo hoy somos testigos de grandes avances en el espacio, y más fundamentales ya que realmente lo llevarán a las masas. Cuando el Transbordador Espacial Atlantis se elevó en el cielo por última vez en julio de 2011, parecía que el fuerte papel de Estados Unidos respecto al espacio exterior estaba llegando a su fin. La NASA no dispondría de otro vehículo desarrollado durante años y parecía como si EE UU se retirara silenciosamente del escenario dando paso a programas espaciales extranjeros. Rusia, China y nuestra propia Unión Europea apoyada por Arianespace ofrecen soluciones de lanzamientos. Sin embargo, en lugar de ceder la industria a otras potencias mundiales, EE UU ofreció contratos a empresas privadas para poner a personas y carga en órbita; ya no se proporciona la puerta al espacio, sino más bien, se pide al sector privado que encuentre la puerta otra vez en la forma más barata y fiable posible. El resultado fue una explosión de éxito en nuevas empresas espaciales comerciales y la creación de un nuevo mercado rentable que es casi exclusivo de EE UU. Hace sólo unas semanas una compañía privada llamada SpaceX lanzó un cohete que se acopló a la Estación Espacial Internacional (ISS) y más tarde regresó sano y salvo con carga científica valiosa. Este vuelo demostró la capacidad de la industria privada para hacer lo que antes era sólo confiado a programas administrados por el Gobierno de EE UU, Rusia, Japón y la Unión Europea. Mientras aparece una nueva industria espacial, Europa se mantiene al margen tratando de mantener su status quo durante tanto tiempo como sea posible y robando a nuestros jóvenes emprendedores la oportunidad de cumplir sus sueños. Sin programas similares a los contratos de desarrollo comercial de la NASA, donde hay verdadera competencia, no tenemos ninguna esperanza de traer parte de la industria espacial privada a Europa. SpaceX no está sola en sus esfuerzos, hay una serie de empresas compitiendo por los contratos comerciales de tripulación de desarrollo de la NASA. Estas empresas están creando más puestos de trabajo en EE UU y están consiguiendo un nuevo vehículo de lanzamiento por una fracción del coste planeado por la NASA. Los resultados parecen ser unos vehículos de lanzamiento capaces de subir carga y tripulación en órbita más barato que nunca. La NASA, basada en sus anteriores prácticas y experiencia, predijo que el programa Falcon 9 de SpaceX costaría ocho veces más su resultado real. Esta gran reducción en el coste se debe a la naturaleza competitiva del entorno comercial; esta es sólo una de las muchas ventajas que un mercado competitivo ofrece. Hay otros grupos que pueden ser tan exitosos como SpaceX, y muchos de ellos podrían serlo en Europa si se les dieran los fondos necesarios. Está claro y demostrado que los resultados pueden ser cumplidos por una pequeña fracción del coste de los programas convencionales mediante la creación de un entorno competitivo que favorezca la iniciativa empresarial. Europa necesita traer la industria comercial espacial de EE UU, no puede permitirse dejar pasar la oportunidad de entrar en este mercado de alto valor añadido; la política actual es una receta hacia la obsolescencia. Con la apertura a la competencia real y fomentando las nuevas empresas start-up, Europa mejorará su base industrial y será capaz de competir con empresas de EE UU y de colaborar en misiones ambiciosas más allá de la baja órbita terrestre. Cada día jóvenes emprendedores americanos luchan para disipar los riesgos de estas inversiones. Los beneficios financieros son enormes y pueden crear puestas de trabajo tan necesitados en la Unión Europea, ayudando a aliviar los problemas de desempleo. Y estamos hablando de verdaderos puestos de trabajo competitivos, no empleo totalmente subvencionado. Los beneficios no son sólo monetarios, sino también sociales, los vuelos al espacio tienen la capacidad de inspirar a los seres humanos tal y como me inspiró a mí. Llevar el espacio comercial a Europa despertará el interés a la próxima generación para participar con la ciencia y la tecnología. Esta inversión a largo plazo asegurará a Europa un lugar en las futuras industrias de alta tecnología. Los jóvenes emprendedores europeos que conocí tienen el sueño de caminar entre las estrellas. Démosles la oportunidad de alcanzar sus sueños. ¡Europa, no les falles! SEGUIR A EL HUFFPOST

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